Miedo a las ventanas

Cuando era chico le tenía miedo a la ventana de la cocina. La veía de noche, desde mi cama de arriba, marinera en “L” y mientras que mi hermano dormía con ganas, roncando. Mi temor era que daba al afuera y no entendía con claridad que era lo que afuera estaba pasando. Probablemente nada, pero tenía la leve sensación de que en algún momento iba a aparecer algo, o alguien e iba a tener que actuar, cosa que no quería. Porque actuar implica la posibilidad de que las cosas salgan mal y a mí, que venía paranoico hace tanto con la ventana, de seguro las cosas me iban a salir mal. Ya estaba condicionado.

Cuando tenía rulos rubios

Creo que eran las siete u ocho de la mañana cuando me levanté. Salí de “mi” cama del costado -que en realidad no era mi cama- y salté a mi hermano que dormía en la cama de al lado, en una travesía a oscuras mientras me llevaba puesta la computadora. Todavía semi dormido, abrí la puerta de la habitación para que la luz brillante de la mañana me lastime los ojitos entrecerrados.

Me di cuenta que estaba en patas pero no iba a volver a buscar las pantuflas. El problema es que hacía frío, mucho. Mi piyama a cuadraditos celestes y blancos era abrigado pero no lo suficiente. Y entonces corrí el breve trecho que separaba -todavía separa- “la habitación de la compu”, del cuarto de mis abuelos con los rulos al viento.

Hacía poco que me habían diagnosticado los “bultitos”. Todavía tenía los rulos lindos, rubios y no el alambre que me quedó después de la operación. Me acuerdo que el doctor le decía algo a mis papás, pero yo no escuchaba porque me fijaba en su ayudante -una chica de no más de veinte- que no podía parar de llorar. Después de ese episodio, no me dejaban hacer nada, ni siquiera tomar coca y comer papas fritas. Capaz que por eso mi abuela me retó: -¿Cómo se te ocurre salir así de despechugado nene? Metete en mi cama que te traigo el té. Vos no podes chupar frío.

Igualmente, yo estaba donde quería. Tapado, calentito y prendiendo la tele para ver “¿Dónde está Wally?” que lo pasaban por Magic Kids. Wally parecía tener que acompañar a los vikingos al fin del mundo, donde habían monstruos y aguas arremolinadas. Cada tanto pispeaba la puerta y veía a mi abuela en camisón preparando el té en la cocina. Todo iba bien.

La almohada surrealista: se retrae

PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE UNA HISTORIA:

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo pienso el olor a quemado capaz que viene de la cocina.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo reflexiono, el olor a quemado capaz que viene de la cocina y esto es un sueño, como aquella vez que vimos Matilda en el comedor y llovía.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo reflexiono, el olor a quemado capaz que viene de la cocina y esto es un sueño, como aquella vez que vimos Matilda en el comedor y llovía.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo reflexiono, el olor a quemado capaz que viene de la cocina y esto es un sueño, como aquella vez que vimos Matilda en el comedor y llovía. Yo quería jugar al SEGA, pero no me dejaron y entonces vimos Matilda, peli que me gustó. Me gustó la peli y Matilda, la chica. Hace poco vi una foto y sigue siendo linda, pero ya no se llama Matilda.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo reflexiono, el olor a quemado capaz que viene de la cocina y esto es un sueño, como aquella vez que vimos Matilda en el comedor y llovía. Yo quería jugar al SEGA, pero no me dejaron y entonces vimos Matilda, peli que me gustó. Me gustó la peli y Matilda, la chica. Hace poco vi una foto y sigue siendo linda, pero ya no se llama Matilda, sino que tiene su nombre real (no lo recuerdo).

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo reflexiono, el olor a quemado capaz que viene de la cocina y esto es un sueño, como aquella vez que vimos Matilda en el comedor y llovía. Yo quería jugar al SEGA, pero no me dejaron y entonces vimos Matilda, peli que me gustó. Me gustó la peli y Matilda, la chica. Hace poco vi una foto y sigue siendo linda, pero ya no se llama Matilda, sino que tiene su nombre real (no lo recuerdo). Cuando vi la foto ya tenía como veintiuno y estaba roto. Roto literal, estaba bastante ebrio y volvía de algún lugar, de alguna salida que seguro la había pasado mal.

Vivimos tiempos muy delirantes, mientras escribo con las dos piernas para atrás y pensando en sexo, pero también pensando en que se queman las milanesas. Ahora que lo reflexiono, el olor a quemado capaz que viene de la cocina y esto es un sueño, como aquella vez que vimos Matilda en el comedor y llovía. Yo quería jugar al SEGA, pero no me dejaron y entonces vimos Matilda, peli que me gustó. Me gustó la peli y Matilda, la chica. Hace poco vi una foto y sigue siendo linda, pero ya no se llama Matilda, sino que tiene su nombre real (no lo recuerdo). Cuando vi la foto ya tenía como veintiuno y estaba roto. Roto literal, estaba bastante ebrio y volvía de algún lugar, de alguna salida que seguro la había pasado mal. Me siguió pareciendo linda, la chica, ex Matilda. Y me remitió al mismo recuerdo, que estoy citando ahora, con las dos piernas para atrás, mientras pienso en sexo y mientras las milanesas se me quemaron.

En

este

sueño.

 

 

 

Para entender que mierda pasa (1)

Si se proyectan deseos de otros sobre la vida propia, ¿Por qué se sufre cuándo no se los consigue? Alguna vez la psicóloga dijo que el problema era romper con la visión que nuestros padres proyectan para nosotros y eso inexorablemente llevaría a su rechazo -desde nuestra interpretación-, frente al amor que intentamos recuperar toda la vida en aquella entrañable (y extrañable) fase oral, anterior a la fase del espejo.

 

Unos meses en el valle

Cuando se dieron cuenta, habían caminado mucho.

-Guaaau, mirá, recorrimos un montón- dijo clari mirando el hermoso paisaje que habían dejado atrás. El sol estaba bajando por las montañas y la luz rojiza del atardecer inundaba el valle.

-¡Si! Me parecía que el cansancio estaba justificado. Me duelen las piernas- y mientras hablaba, nico se desplomó en el suelo y empezó a acariciarse los gemelos que se le estaban acalambrando hacía rato.

Clari seguía parada contemplando los árboles, el río que cruzaba el valle, algún animal tímido que se dejaba ver y se escondía rápidamente. Nico miraba con curiosidad el hecho de que una mitad de la cara de la chica estaba anaranjada en consonancia con el atardecer, y la otra mirad estaba envuelta en la sombra que producía la mano sobre los ojos, para amortiguar el reflejo del sol. En el ceño fruncido de clari, nico podía notar cierta preocupación. Se había acostumbrado a ciertos gestos de ella y entendía que algo no andaba bien:

-Ya llegamos… no nos queda nada y acá nos despedimos. Ahora nos vamos a abrazar y vamos a seguir por caminos diferentes. A menos que -de repente abrió grande los ojos- ¿si mañana recorremos otro valle? No se, ¿a eso de las 3?

A nico le perturbaba la situación. Le perturbaba todo siempre y a decir verdad eso lo hacía sentirse medio tonto. Sin embargo clari no parecía estar mucho al tanto, o por lo menos no juzgaba la situación y eso lo reconfortaba. Entonces se paró con energías renovadas y sonriendo le dijo:

-¡Dale! A las 3.