Un CD de Arcade Fire

En la fiesta alguien me recomendó un CD, pero no me acuerdo cual. Las seis de la mañana me encontraron comiendo panchos y tomando mate, hablando de sonidos “nuevos” en la escena musical. Hace como una semana que no toco la guitarra en casa. La gente a mi alrededor seguía sirviendo fernets y en parte quería hacer como ellos, participar, ahogarme en alcohol hasta que no importara nada. El resto de mí quería irse a dormir porque sentía que ya no le encontraba gracia a eso.

No le estaría encontrando la gracia a nada: a escabiar, a las fiestas, a la música que escuchaba, a los panchos, al mate, a los amigos, a estar sólo y volver a casa. Probablemente ya no le encuentre la gracia al sábado, cuando pensé que me gustaba pasarlo abrazado a alguien, con la promesa de fiesta a la noche, viviendo sin mi familia, teniendo tiempo por no cumplir con compromisos facultativos que se acumulan con culpa.

El problema es quizás la indiferencia que se asoma, como siempre cuando necesito una protección inconsciente a algo. Ya se habló, diván de por medio.

Quizás el tema pasa porque el viernes reavivé recuerdos que no debía, mirando fotos que no tenía por qué, leyéndome escribir sobre alguien durante la tarde tranquila del laburo. Qué difícil coincidir y aceptar que las cosas no salen como uno quiere/quería.

O tal vez el problema eran las ganas de no tener resaca al otro día. Ya no estoy tolerando las resacas. Eso debe ser.

(Nota post revisión: hoy en el laburo me puse a escuchar todos los CD’S de Arcade Fire para saber cuál me recomendaron).

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As bajo la manga

El relato quizás esté algo alterado, porque mi percepción estaba alterada. La imagen era: algo de alcohol encima, en cuero y con cinta aisladora negra tapándome las dos tetillas en forma de cruz. La idea era protestar con mis amigos a favor del tetazo que había pasado hacía poco.

La cuestión es que era el final de la noche y ya empezaba a ver con buenos ojos irme porque no estaba bien anímicamente para tolerar la situación. Había colgado apoyado contra la baranda, mientras se vociferaba un espectáculo de travestis desde el escenario. En una de esas, alguien se puso al lado mío: una chica de rulos con ojos demasiado grises.

Empezamos a hablar: “qué copado el espectáculo”; “estoy en cuero porque estoy apoyando al tetazo”; “yo vine sola”; “el labial me dura poco…”. Y poco duró el labial. Terminamos dándonos un beso en el que se sentía la necesidad de tal.  Necesidad de ambos de tener contacto, de sentirnos pegados a un otro y recibir por unos instantes el cariño, aunque sea entre desconocidos.

Salimos afuera de la fiesta y nos sentamos en una esquina, mientras veíamos pasar a la gente borracha como nosotros. Todavía era de noche.

Hablamos de la vida, de que “soy artista”,  que “periodista no”, “toco la guitarra”, “mi amiga no me habla más”, “lo del periodismo es medio militante”, “entonces sí”. Y llegamos al momento en que sacó una carta: As de pica.

Le había comentado anteriormente que no tenía batería y ella no quería anotar mi número, así que lo escribió con su nombre, en la carta.

“No me vas a hablar si te escribo” le dije. Sonrió, me dio otro beso parándose rápido y se tomó un taxi. Nunca nos volvimos a ver.

Una noche

¿Te acordás del abrazo esperando a que salga el sol? Afuera todavía llovía a cántaros mientras empezaba a ponerse azulino el cielo y el viento nos abría la ventana. Pero nosotros no nos movíamos. Estábamos acobijados por un rato, de nuestros mundos y fantasmas diferentes, desconocidos del uno para el otro. Nos abrazamos por única vez para sanarnos algo y sin querer que termine, se nos vino el día encima.

Después nos saludamos.

Alguna vez

Alguna vez van a decir que nos vieron, paseando por la calle, abrazados por el frío.

Alguna vez van a decir que nos vieron, encontrándonos por primera vez y que nos perdimos por las calles de Palermo mientras hablábamos de la vida.

Alguno capaz vio que llegamos a cualquier bar, que nos quedamos hasta cualquier hora. Capaz hasta captó el detalle de que ninguno de los dos quería decir “bueno, vamos?”, porque ahí estaba bien. Aunque el cartel se volara, aunque nos agarre la lluvia y aunque no importe nada en ese beso en la parada del bondi, después de perdernos de nuevo y caminar de más. Sin rumbo, para que no se termine la noche.

Hay gestos

Hay gestos, expresiones, detalles e imperfecciones que a uno le gustan. Indefectiblemente caracterizan a la persona y la inmortalizan en el anaquel de los recuerdos lindos. Y puede que una tarde cualquiera, de un mes cualquiera, de algún momento en el futuro, cuando ya haya pasado un largo tiempo desde la última vez que se vieron, te saquen una sonrisa porque eran simplemente geniales.