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Podríamos pensar que en un día gris no tiene que llover necesariamente. Podríamos pensar que no tiene que hacer frío y que no es un día de melancolía, necesariamente. Pero si caminar por las calles húmedas de Buenos Aires todavía tiene su gracia, es en parte, porque los inviernos se prestan a cualquiera que sepa apreciar el hecho  de no encontrar causas a la tristeza de un día gris.

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