Una noche

¿Te acordás del abrazo esperando a que salga el sol? Afuera todavía llovía a cántaros mientras empezaba a ponerse azulino el cielo y el viento nos abría la ventana. Pero nosotros no nos movíamos. Estábamos acobijados por un rato, de nuestros mundos y fantasmas diferentes, desconocidos del uno para el otro. Nos abrazamos por única vez para sanarnos algo y sin querer que termine, se nos vino el día encima.

Después nos saludamos.

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