Un sábado a la mañana

Levantarme. Asomarme a la cocina en piyama para saber que hora es. Ver que es temprano y correr rápido a la habitación que está cruzando el comedor. Abrir la puerta y ver que ya están todos desayunando en la cama. Mi mamá se corre y me deja un “huequito”, como el que dice que tengo en la cicatríz que me hice en la cabeza. Me meto en la cama, donde esperan mi hermano entre las sábanas y mi viejo a los pies, que ya me había preparado la gelatina. Gelatina porque no podía comer otra cosa, hacía poquito que había vuelto del hospital y todavía no me sentía tan bien. Mirar la tele y ver un noticiero que marca las 11. Mi vieja me abraza y a mi hermano también, papá nos va a sacar una foto.

Capaz alguna vez vuelva a tener recuerdos tan lindos como ese. Hasta entonces, gracias.

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