Sobre el sentido común

La foto estaba ahí. Giuliana sonriente, tirando un ‘besito’ y aún con vida, sobre el titular “Murió una chica en una fiesta de electrónica”. El recorte de la nota se explayaba un poco más sobre el asunto, pero en resumidas cuentas, la causa según el diario fue el consumo de éxtasis.

De por sí, el asunto es conmovedor, da bronca, tristeza y una sensación de vacío bastante difícil. Pero lo llamativo es que la nota estaba citada por un señor bastante mayor que Giuliana y que la compartía con un posteo en Facebbok. También en resumen, el señor en cuestión, decía que Giuliana se lo había buscado y que su muerte era su culpa porque ‘era grande’ y ‘sabía lo que hacía’. En ese combo de palabras defendía sus argumentos mencionando que la culpa era de que la chica era parte de un grupo de zurdos vagos y mantenidos con sus impuestos (sin prueba alguna, claramente).

La imbecilidad y el infortunio del comentario del señor, hubieran pasado de largo a mi atención, si la gente que le comentaba la publicación hubiera repudiado generalizadamente tamaña falta de solidaridad e ignorancia. Sin embargo me llevé una horripilante sorpresa al notar, con desesperanza, que muchos aclamaban y agregaban palabras de aliento al comentario original. Es más, algunos incluso alentaban e iban más lejos en sus (siendo bueno) ‘argumentos’, alegando que la joven murió porque quiso y que sino, se lo merecía por consumir drogas que se sabe que hacen mal.

Lejos de hacer el tan necesario análisis sobre el ritual de las fiestas de electrónica, las drogas, que esperan encontrar los asistentes en la fiesta, el momento social por el que pasa la juventud y el momento particular psicológico de Giuliana, quiero quedarme con este comentario y sus posteriores reacciones. Porque ahí hay una lógica que impera y que hace que incluso muchos que citan a ‘Dios’ entre sus argumentos, consideren que no hay que culpar ni al estado, ni a la productora, ni a la sociedad, ni a la construcción mediática de las fiestas de electrónica. Lo llamativo es como esa gente aplaude la muerte de esta chica ‘por boluda’ y le otorga completa responsabilidad de su accionar, incluso hasta encuentra en esa muerte un medio para ensalzar su ego y su (siendo generoso nuevamente) ‘inteligencia’ con una superioridad moral de ‘yo no me drogo y entonces lo que yo hago está bien, porque todos son idiotas menos yo’.

Para no extenderme demasiado en la repugnancia que causa esta pseudo moral con tintes de iglesia cristiana, con tintes de la lógica liberal del progreso, lo que quiero señalar es el humanismo imperante en el discurso que circula de forma cotidiana en lo social. No debería de extrañarme: el sentido común se construye sobre discursos hegemónicos, que a su vez tienen base en la discursividad humanista. Empero, sigue pareciéndome sorprendente la confianza en la conciencia y cómo todavía muchos creen en que en verdad existe la absoluta libertad.

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