El despertar del anti-héroe

Abrís los ojos y la cabeza es un bombo de dolor. No te jodo, hasta late y todo. Estás ahí, mirando la oscuridad de la habitación, pero sos consciente de que ya es de día y que como mínimo, son más de las 3 de la tarde. En un movimiento heroico para tus posibilidades, giras en la cama y agarras el celular que está en la mesita de luz. En el interín, barrés con la mano todas las cosas que están sobre ella: las llaves, la billetera, la lámpara y hasta una revista de mierda que dejó tu vieja ahí pensando que era tuya. “Como vivir siendo gourmet”, que se yo, a quién carajo le importa.

Como verás, estás de mal humor. Levantas del piso el celular, porque también se te cayó y lo abrís. La luz que emana es un puñal a los ojos en este domingo incierto, como el clima ambiguo y como tu vida que es un quilombo. El registro de llamadas te recuerda a la querida semiótica: es índice de que no paraste de mandarte cagadas. La llamaste a ella, le mandaste mensajes y hasta llamaste al amigo. Mientras te invade el terror por la pelotudez, lees la frase “nse domde estoyj” en el inconfundible idioma del ebrio.

-Bueno- pensas- la cagué.

Acto seguido te levantas y abrís la persiana.

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