Unos meses en el valle

Cuando se dieron cuenta, habían caminado mucho.

-Guaaau, mirá, recorrimos un montón- dijo clari mirando el hermoso paisaje que habían dejado atrás. El sol estaba bajando por las montañas y la luz rojiza del atardecer inundaba el valle.

-¡Si! Me parecía que el cansancio estaba justificado. Me duelen las piernas- y mientras hablaba, nico se desplomó en el suelo y empezó a acariciarse los gemelos que se le estaban acalambrando hacía rato.

Clari seguía parada contemplando los árboles, el río que cruzaba el valle, algún animal tímido que se dejaba ver y se escondía rápidamente. Nico miraba con curiosidad el hecho de que una mitad de la cara de la chica estaba anaranjada en consonancia con el atardecer, y la otra mirad estaba envuelta en la sombra que producía la mano sobre los ojos, para amortiguar el reflejo del sol. En el ceño fruncido de clari, nico podía notar cierta preocupación. Se había acostumbrado a ciertos gestos de ella y entendía que algo no andaba bien:

-Ya llegamos… no nos queda nada y acá nos despedimos. Ahora nos vamos a abrazar y vamos a seguir por caminos diferentes. A menos que -de repente abrió grande los ojos- ¿si mañana recorremos otro valle? No se, ¿a eso de las 3?

A nico le perturbaba la situación. Le perturbaba todo siempre y a decir verdad eso lo hacía sentirse medio tonto. Sin embargo clari no parecía estar mucho al tanto, o por lo menos no juzgaba la situación y eso lo reconfortaba. Entonces se paró con energías renovadas y sonriendo le dijo:

-¡Dale! A las 3.

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