La última sonrisa

Da un paso hacia el ventanal. Otro paso mas, mientras escucha el ruido de un auto a toda velocidad por la calle. ¿Va simplemente a olvidar su risa?,  ¿Logrará vivir una vida sin la paz que le transmite el verde de sus ojos? El pánico lo obliga a frenar y el segundero de un reloj empieza a enloquecerlo.

Todavía no se va, claro que no. Está parada ahí, del otro lado del vidrio, mirándolo. Sabe que está a la espera, expectante.
Vacila un poco y vuelve a caminar a paso firme. Por su cabeza pasa una imagen fugaz de él mismo pateando la ciudad, viviendo con el recuerdo de lo que fue, soportando la tortura de saber que todo podría ser diferente.

Se detiene y ya el ventanal los separa dejándolos frente a frente. Sólo necesita la fuerza para pasar a través de él. ¿Qué efecto devastador tendrían su piel, sus labios?, ¿cuanto tiempo le temblarían las rodillas, cuánto duraría el vuelco en el estómago?
Solo tiene que empujar la puerta y averiguarlo. Salir al mundo a que el viento le pegue en la cara, a que se mezclen los olores del mar que los espera a unos metros, a escuchar a las gaviotas revolotear sobre la costa, a sentir su boca.

Pero no, ella se va y no van a volver a verse. Aunque su cara muestre una esperanza que él sabe que no existe. Aunque su expresión refleje la inmensa decepción que él sabe que ella siente. Nada.
Una lágrima que cae por su pálida mejilla lo hace entender, que ella ahora es presa de la tristeza, de la impotencia. Ha caído en la cuenta de que su papel en la historia ha terminado y todo depende de él.

La infinita ternura de la imagen, le recuerdan la forma en que lo hace sentir. Es la única, la que cambia la manera de despertarse por las mañanas, la que le pone emoción a su rutina, alegría a su vida. ¡No puede terminar ahí!, ¡No debe terminar ahí!
Apoya suavemente la mano en el picaporte y los ojos de la chica se abren muy grandes, hermosos, mas todavía. Tiene la posibilidad de ser feliz en la palma de su mano. Quedar a la deriva de un mundo que no entiende y al que le teme profundamente, pero feliz. Saber que el futuro es incierto y que puede cambiar todo para siempre, pero feliz.

Su mano cae lentamente del picaporte y retrocede con vergüenza. No puede, no va a poder.
La chica sigue ahí, pero no está mas. Él lo sabe. Siente el alivio del cobarde que huye de la batalla, también sabe eso. Ahora le siguen meses y meses, años quizás, de arrepentimiento y de auto convencimiento, de que tomó la decisión correcta, de que eso no hubiera funcionado. Todas idioteces, él sabe que sepultó la última oportunidad de que el amor de su vida sea parte de ella.

Todavía llorando con una pena intensa, por un momento, por una historia de esas que lastiman, ella le da una última sonrisa, toma el bolso y se da vuelta.
Él empieza a desesperarse, quiere salir, cruzar la puerta. No puede. Quiere gritar, pedirle que se quede. No le sale la voz. Quiere arrodillarse y golpear el ventanal con fuerza. No logra moverse.
Ella se sube al auto y él lo ve desaparecer, mientras se aleja para siempre.

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